“Hablar continuamente de la pandemia puede ser el combustible perfecto para la fatiga”

“Hablar continuamente de la pandemia puede ser el combustible perfecto para la fatiga”

Ha aparecido un nuevo concepto en nuestro vocabulario. Describe el cóctel de emociones que nos acompaña en estos momentos de crisis sanitaria. Es la fatiga pandémica. El psicólogo de la Fundación Adiem, Fran Peñalver, nos explica en qué consiste y cómo podemos tratarla.

¿Qué es la fatiga pandémica?

– La fatiga pandémica es un agotamiento mental, el resultado de estar sometido a un estrés crónico donde se produce una ruptura con nuestro estilo de vida habitual durante un tiempo indeterminado, pero más largo de lo que nos gustaría o podemos sobrellevar. Explicado de otra forma, es como si estuviéramos conduciendo por una carretera larga en la que, cada pocos metros, hubiera un semáforo que siempre está en ámbar o en rojo (lo que equivaldría a las olas o las restricciones de la pandemia) y, cuando arrancamos el coche y cogemos velocidad, no queremos parar… Pero toca volver a frenar. La meta (la normalidad) parece no llegar porque ni siquiera alcanzamos a verla. Un efecto o consecuencia alarmante de sostener esta fatiga es que puede dar lugar a obviar el riesgo, es decir, “saltarse los semáforos en rojo” y reactivar la propagación del virus.

¿Cómo podemos saber si estamos sufriendo fatiga pandémica?

– La fatiga es capaz de poner a prueba nuestras capacidades cognitivas como la atención o la memoria, dificultando la ejecución de tareas cotidianas y/o laborales, entre otras. La regulación emocional en estos casos puede ser caótica, cuando nos invaden los pensamientos más negativos o catastrofistas y nos hacen sentir mal. Algunos de los indicadores de estar sufriendo la fatiga pandémica pueden ser: tener más despistes y olvidos, dificultad para prestar atención y concentrarse, estar más irritable o la defensiva, tener problemas de sueño y descanso reparador, aumento de las discusiones o desacuerdos, sensación de cansancio y poca energía, abuso de estimulantes, sobre ingesta de alimentos, consumo de tóxicos, etc.

¿Qué debemos hacer para gestionarla? ¿Mantener la mente ocupada ayuda o es mejor enfrentarnos a lo que sentimos? 

– Mantener la mente ocupada ayuda pero, además, debemos enfrentarnos a lo que sentimos, puesto que, las emociones no son negativas o positivas, todas son útiles y necesarias en nuestra vida, de esta manera debemos encaminarnos hacia la conciencia emocional y la aceptación de los sentimientos que percibimos como desagradables. Luchar contra los pensamientos para intentar eliminarlos conlleva un gran gasto de energía, mientras que si aceptamos la situación podemos canalizar esa energía en reinventarnos, sacar a pasear la creatividad y perseguir nuestras metas. Algunas de las cosas que podemos hacer a nivel general para gestionarla, es básicamente, cuidarnos: centrarnos en redefinir nuestros hábitos y adaptarlos a esta situación, aprovechar espacios en casa para hacer actividad física, preparar nuevas recetas saludables, estar en contacto con familia y amigos, estructurar horarios, realizar algún curso online, descubrir nuevas aficiones, practicar la relajación, hacer voluntariado… Si persiste la fatiga y está mermando nuestro día a día, es recomendable ponerse en contacto con un profesional.

¿Hablar de la pandemia continuamente es positivo o negativo? ¿Entramos en bucle o nos ayuda a conectar con la realidad? 

– Hablar continuamente de cualquier cuestión, sea la pandemia o cualquier otro acontecimiento con connotaciones negativas, puede ser un combustible perfecto para la fatiga, ya que inundamos la mente con pensamientos negativos, frustración, impotencia y miedo excesivo. Nos retroalimentamos con las personas cercanas, nos agotamos mentalmente y no nos permitimos ese espacio de desconexión, ese balón de oxígeno, disfrutar de lo que sí podemos hacer o de las personas que tenemos en casa. 

Resulta muy oportuno en estos casos hacer una parada, reflexionar y hacer hueco a las cosas de la vida que nos hacen disfrutar, reír y ser más felices. Si bien es cierto, que también debemos estar informados de la actualidad a través de medios veraces y conocer de primera mano las recomendaciones y medidas vigentes.

¿El ser humano está psicológicamente preparado para encajar una situación así durante tanto tiempo? ¿Nos va a pasar factura? 

– El ser humano tiene una capacidad de resiliencia extraordinaria, puede encajar esta situación (y lo hará, lo haremos). Nos puede pillar más o menos preparado o fuerte, dependiendo del momento personal y de nuestra estabilidad emocional. Lo que es cierto es que disponemos de multitud de habilidades y capacidades para adaptarnos a estos cambios tan radicales en nuestro estilo de vida y, a veces, tendemos a infravalorarlos y sentirnos desbordados por la situación. Toda adaptación tiene su proceso y sus dificultades. Necesitamos tiempo para asimilarlo y permitirnos explorar y redescubrirnos. La prolongación en el tiempo de la pandemia es un factor que juega en campo contrario, aunque podemos mantenerlo a raya mientras nos cuidamos y cuidamos de los demás.

Puesto que la factura está siendo alta, en cuanto a problemas de salud mental, podemos pensar que cada día que pasa es un día menos para la vuelta a la ansiada normalidad. Simplemente hagamos que el camino sea un poco más amable y bonito.

¿Cómo cuidan su salud mental los que tienen que cuidar la salud mental de otros? 

– El cuidado es igual que en el resto de personas porque, en mayor o menor medida, todos tenemos personas a las que cuidamos y sabemos de antemano que para poder prestar cuidados a alguien tenemos que estar nosotros en condiciones óptimas. También es cierto que la satisfacción de haber ayudado a una persona te “recarga las pilas”, es una ventaja de nuestra profesión. Por suerte, en Adiem tenemos un equipo sólido, en el que cuidamos unos de otros, y siempre nos sentimos apoyados. Además, tenemos una campaña llamada “Contagio 0%” donde se nos aportan grandes ideas para llevar una vida saludable y disfrutar de nuestro tiempo dentro y fuera del trabajo, y por supuesto, adoptamos un plan de medidas de prevención exhaustivo y eficaz.

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