DÍA INTERNACIONAL DE LA MUJER

LA IMPORTANCIA DE LA PERSPECTIVA DE GÉNERO EN LA SALUD MENTAL

En el Día Internacional de la Mujer queremos visibilizar la múltiple discriminación que sufren las mujeres con problemas de salud mental, ya que por un lado, sufren las desigualdades vinculadas al mero hecho de ser mujer, el rol social, estereotipos de género y cultural que se les asigna. Por otro lado, tener una discapacidad y, por último, la imagen social estigmatizada de la salud mental con respecto a otras discapacidades físicas o intelectuales. Estamos ante tres categorías diferentes de discriminación (mujer, discapacidad y estigma social) que interactúan de manera simultánea. A este fenómeno se le denomina interseccionalidad.

Los datos nos demuestran que el porcentaje de mujeres atendidas en las Unidades de Salud Mental (USM) es ligeramente superior al de los hombres, sin embargo, si nos fijamos en los recursos especializados para personas con problemas de salud mental comprobamos que las mujeres representan un porcentaje muy inferior al de los hombres que ocupan una plaza en estos recursos. Además, las mujeres acceden más tarde que los hombres a una de estas plazas. Esto se debe a que el rol femenino está vinculado al trabajo doméstico, y además, en muchas ocasiones, están sobreprotegidas por parte de las familias, impulsando en  mayor medida el quedarse en casa. El propio diseño y estructura de estos recursos están más pensados para dar respuestas a las necesidades de los hombres con problemas de salud mental y los sitúa como principales personas que usan los mismos. Esta realidad dificulta aún más el acceso de las mujeres que precisan de recursos flexibles y adaptados a sus perfiles.

La menor utilización de los recursos y servicios priva a las mujeres con problemas de salud mental de oportunidades para la participación social. Ese déficit de participación femenina se deja sentir especialmente en el ámbito del empleo. El empoderamiento de las mujeres con problemas de salud mental, entendido como la capacidad de las mujeres para incrementar su auto-confianza, poder y autoridad, de manera que puedan decidir en todos los aspectos que afectan a su vida, se convierte, por lo tanto, en la necesidad urgente del momento.

Según la Guía de Salud Mental de las Mujeres, del Ministerio de Igualdad, estudios e investigaciones han demostrado como entre las mujeres se observa una mayor prevalencia de depresiones, ansiedad, somatizaciones y trastornos del comportamiento alimentario que están condicionados por los factores psicosociales de género. Asimismo, podemos observar que también ha aumentado el número de mujeres que padecen estrés. La interiorización de las normas sociales y los valores culturales sobre cómo las mujeres deben ser, sentir y comportarse, siendo los cuidados una carga mental, se transforman en barreras psicológicas que impiden que las mujeres se sientan bien y sean más libres para decidir sobre nuestra vida.

Según la Organización Internacional del Trabajo (OIT), las diferencias en las tareas de cuidados en el hogar son un gran lastre para las mujeres en el ámbito laboral. En todo el mundo, 647 millones de mujeres en edad de trabajar (el 21,7%) realizan un trabajo de cuidados no remunerado a tiempo completo, frente a 41 millones de hombres (el 1,5 %).

Todo estos roles y estereotipos de género interiorizados, ocasionan que la prevalencia de la depresión en mujeres duplique a la de hombres (7,1% frente a 3,5%), y los casos con severidad grave en mujeres triplican los que se dan en hombres: por cada caso grave en hombres hay 3,5 que son mujeres, según los datos de la última encuesta Europea de Salud en España realizada por el Instituto Nacional de Estadística.

Entre los factores negativos asociados a las mujeres con trastorno mental grave, podemos destacar:

  • Sobreprotección, minusvaloración y estigma de la familia: relegarlas a las tareas de casa, no dejarlas salir, actitudes de incomprensión y vergüenza, incredulidad ante sus posibilidades de desarrollo personal, etc… Maneras de tratarlas que redundan aún más en su baja autoestima, autovaloración y autoconcepto.
  • Cargas familiares y rol de cuidadora: Con carácter general, las mujeres asumen una mayor responsabilidad y cargas familiares que los hombres. En el caso específico de las mujeres con TMG, esta realidad, se ve agravada como consecuencia de su falta de dedicación a otras tareas socialmente aceptadas (tener trabajo, haber conformado su propio núcleo familiar, etc…). Esto produce que sus familias, en muchos casos, no valoren e incluso desprecien actividades que puedan realizar como el hecho de acudir a recursos necesarios para su recuperación. Además, las expectativas son muy diferentes cuando se trata de mujeres con TMG, porque esperan de ellas que no sólo puedan estar bien, sino que además se ocupen de las cargas familiares. No sucede así en el caso de los hombres con TMG, de los que sólo se espera que se encuentren estables en su enfermedad y tengan actividades fuera que les ayuden en su desarrollo.
  • Dependencia emocional y relacional con la familia: vínculo muy estrecho de las mujeres con TMG y sus familiares, que impide a la mujer desentenderse y/o tomar distancia del rol de cuidadora familiar o persona relegada al hogar, cuando un familiar necesita cuidados. Ya no importa que las mujeres con TMG también necesiten apoyo, porque sus necesidades, ocupaciones, actividades o intereses quedan relegadas a un segundo plano.
  • Los cánones sociales sobre la imagen: Su imagen se ve deteriorada en ocasiones por los efectos de la medicación, pero también por la sintomatología negativa que les lleva a abandonarse y no cuidar su aspecto físico.
  • Estancamiento en su desarrollo laboral y personal: Las personas con TMG tienen muchas dificultades para acceder al mercado laboral. Una situación que afecta aún más a las mujeres con TMG, por su particular historia de sobreprotección y aislamiento, y les ocasiona una negación de sus capacidades y potencialidades. Asumen un “estatus de inferioridad” que se traduce en que no conciban el empleo como una posibilidad real. De esta manera, el rol de cuidadora y la baja autoestima son factores que las limitan para aprovechar las oportunidades de desarrollo y aprendizaje (tanto en el ámbito de formación y empleo, como en otras actividades: ocio, deporte…).
  • Menos acceso a recursos especializados: Las mujeres con TMG acceden en menor medida a cualquier tipo de recursos con respecto a los hombres y, cuando lo consiguen, lo hacen de manera tardía y en recursos que no están destinados a conseguir su proyecto de vida.

Es fundamental, implementar la perspectiva de género en la salud mental, porque conseguir la igualdad entre mujeres y hombres, se hace imprescindible en la atención y el cuidado de nuestra salud mental.

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